lunes, 28 de mayo de 2012

Amarcord (En un lugar de la memoria donde no importa que habite el olvido)

Federico Fellini

- ¿A dónde se retira Tiberio cuando deja las riendas del Estado?
- A Capri, señor.
Profesor de Historia y Titta.  (‘Amarcord’ de Fellini).



Federico Fellini nació en Rímini en enero de 1920 y falleció en Roma en octubre de 1993. Dedicó toda su vida al cine, como guionista y director, y es considerado como uno de los más geniales de todos los tiempos, algo que solemos escuchar, y decir, siempre que nos referimos a ilustres creadores una vez que sus días han terminado. Él decía de sí mismo: ‘No puedo ser objetivo ante mis películas por una razón muy simple: no me considero un director profesional, cuyas películas sean la expresión de un hombre que ejerce un oficio. Soy un narrador de historias. Filmo porque me gusta contar mentiras, inventar historias y contar cosas que vi, personajes que conocí. Sobre todo, me gusta contarme a mí mismo’.

Fue ganador de cuatro premios Oscar a la mejor película de habla no inglesa, uno de ellos por el filme objeto de este comentario (el mismo año de su estreno), así como un Oscar honorífico a su trayectoria profesional (en 1993), poco antes de su muerte.

El título de la película, Amarcord, es un sustantivo derivado de la oración ‘yo me acuerdo’, ‘me acuerdo’ o ‘recuerdo’ (a m’arcord) en Emiliano-romañol, lengua vernácula de Emilia-Romaña, región de la que es capital Rímini. El impacto de esta película fue de tal magnitud que amarcord entró a formar parte del léxico italiano general, con el significado de ‘evocación en clave nostálgica’. En España el filme se tituló, con buen criterio, Amarcord (Mis recuerdos), aunque son ciertamente memorias muy peculiares las recogidas en la película, lo cual permite marcar distancias con lo que pudiera ser considerado una obra autobiográfica.

Amarcord se estrenó en 1973. En ese año el ejército estadounidense se retiraba de Vietnam y tenía lugar la conocida como ‘Crisis del Petróleo’, producida por la decisión de la OPEP de no suministrar crudo a los países que habían apoyado a Israel en la guerra de Yom Kipur. En España, el almirante Carrero Blanco moría víctima de un atentado terrorista de ETA. Faltaban dos años para la muerte del general Franco y un lustro para la proclamación de la actual Constitución española. La situación vivida en España al final de la dictadura, propició que para muchos esta película resultara especialmente atractiva.

Fellini presenta en Amarcord una historia cuyo argumento está constituido por un rompecabezas, un mosaico compuesto por diversas historias desarrolladas sin continuidad y dejando multitud de cabos sueltos. Este mosaico, no obstante, queda ordenado con la presencia de tres rasgos que le dotan de cierta coherencia; el narrador, abogado que se presenta ante la cámara con una bicicleta, en la que nunca va montado, y al que los niños interrumpen y del que se burlan; Titta, el adolescente que supuestamente representa a Fellini, sobre el que gira una gran parte de las particulares historias compartimentadas que constituyen la narración, presentado como un joven despreocupado por su entorno pero atento y asombrado por el mundo que le rodea, y por último la música de Nino Rota, que evoca la decadencia y mediocridad del conjunto.


Los molinillos que vuelan por la ciudad y que anuncian la llegada de la primavera; la típica foto anual de alumnos y profesores; la excursión con el tío Teo, internado en un psiquiátrico y que aprovecha un descuido para subirse a un árbol y gritar insistentemente: ‘¡Quiero una mujer!’, y al que Titta observará y respetará; los habitantes que se dirigen en botes al mar para ver pasar el transatlántico Rex; una carrera de coches; un motorista pirado; desfiles fascistas; la guapa del lugar, Gradisca, siempre acompañada por dos acólitas, que al final consigue casarse con un hombre rico y que manifiesta a los cuatro vientos que quiere a todo el mundo, y la escena de la estanquera, probablemente la más recordada.


A Fellini le interesa presentar los rasgos esenciales que enmarcan la época que constituyó su infancia, la década de los treinta, dominada por el fascismo y la religión católica, que impregnaban todos los rasgos de la vida cotidiana; pero sobre todo le interesa plasmar qué es lo que recuerda y cómo lo evoca, el modo en que permanece en su memoria después del paso del tiempo.

Familia, colegio, religión, fascismo, amigos, sexo…, todo pasa por el análisis crítico que proyecta su obra, sin olvidar el culto al mundo de la mujer, que le fascinaba, dentro de una visión marcadamente machista. Fascinación que comparto con Fellini, si bien procuro por todos los medios posibles alejarme de cualquier rasgo machista. Y de esta forma nos encontramos con que la primera experiencia sexual es dolorosa y sucia, huele mal y enferma. La tensión de un matrimonio en total decadencia, la dignidad ideológica mantenida a duras penas en una Italia impregnada de un mediocre autoritarismo, un tío vago y caradura que vive a costa del cuñado...

Y todo ello caracterizado de forma grotesca, memoria de una época estereotipada y carente de espontaneidad. La crítica se presenta también mediante la exaltación estúpida, los ditirambos, los casuales y desgraciados accidentes a los símbolos más sublimes de la patria y de los grandes hombres que la lideran. Alumnos y profesores con un aspecto que denota también los estragos de la memoria, peinados, rasgos físicos exagerados y extravagantes.


Las características apuntadas permiten considerar a Amarcord una película de vigencia muy discutible. La forma de narrar, la época tratada, desconocida para las generaciones actuales, no creo que despertara interés en el público actual. Si fuera de nuevo proyectada en cines, asistirían cinéfilos y seguidores de esa forma tan peculiar de contar historias que tenía Fellini, esos que en la actualidad tenemos el pelo cano y a quienes nos interesó en su día.

Todo ello evoca una forma de acercarse a los recuerdos con nostalgia, ternura, melancolía, y también con una cierta amargura. Fellini es un hombre de gran fantasía, y las personas con imaginación, como decía Antonio Machado, no mienten, pues también la verdad se inventa (1). Las verdades inventadas de Fellini toman distancia con el presente de la época en que filmó la película y con el propio pasado que vivió, y presenta un ambiente circense y grotesco. Fellini sabe reírse de sí mismo a la vez que no concede mucha importancia a su historia, actitudes estas que denotan, a mi juicio, un gran respeto hacia su pasado.

El tiempo para Fellini aparece con ciertos tintes aristotélicos, con un antes y después que hacen referencia al espacio y al movimiento. Su película se desarrolla en un único espacio, Rímini, su ciudad natal, y su acción transcurre en el ciclo de un año, del comienzo de una primavera al inicio de la siguiente. El mundo es un perpetuo movimiento y constante destrucción. Pero su concepción a veces tiene matices agustinianos, ya que el tiempo se presenta como una sensación interior, psicológica, nunca está presente del todo, pues ‘No existe un tiempo futuro largo, porque no es, sino que un largo futuro es una larga espera del futuro. Y no hay un tiempo pasado largo, que no es, sino que un largo pasado es una memoria larga de lo pasado’ (2). Tal vez Fellini también esté reflexionando sobre el tiempo a la manera de Schelling, al considerar que el presente como tal es nuestra propia historia, y es el pasado el que nos amenaza y condiciona nuestra manera de ser y pensar.


Toda esa forma de narrar los hechos recordados e inventar los olvidados, permite a Fellini explorar el pasado más mágico de los pasados, aquel que pudo ser y no fue. Aquellos caminos que quedaron abandonados porque elegimos unos diferentes y se quedaron en nuestra memoria como puertas negras.

Fellini aprovecha Amarcord para hacernos una propuesta, abrir alguna de esas puertas y asomarse tras ellas, y de esta forma mostrar que no esconden yoes tan imposibles como hubiéramos podido pensar. La imaginación ha ido forjando sus alternativas y han terminado formando parte del yo actual: los yoes ex futuro alcanzan la realidad a través de la imaginación.

‘La vida es como un relámpago entre dos largas noches’, decía Amado Nervo. Reconozco en la obra de Fellini mi propia interpretación sobre el tiempo. El relámpago es como un escenario cargado de imágenes, unas reales y otras inventadas, Fellini lo representa a la perfección.

Desde este punto de vista no tendremos más remedio que darle la razón a Theuth y quitársela a Thamus, y con ello a Sócrates, a Platón, y a Aristóteles, pues el vacío que deja el olvido cuando la memoria se desvanece es ocupado inmediatamente por la imaginación; aquí no hay escritura que valga, y sin ella, siempre hay algo que desaparecerá para siempre.

Pero también es cierto, pienso yo, que solo al tiempo pasado alcanza la luz del relámpago, sobre el que siempre volvemos la mirada buscando seguridad y recursos que iluminen nuestra vida; el tiempo futuro no deja de ser una dimensión parecida a un túnel negro que nos conduce a la total oscuridad, donde habitan los malos augurios e inquietantes premoniciones. Y no menos cierto es que también el tiempo futuro terminará convirtiéndose en presente, esto es, parte de nuestra propia historia.

Miramos hacia atrás y vemos con el color de nuestros ojos la luz de la memoria alumbrando el túnel, el lugar donde han quedado grabados todos nuestros errores, aciertos, rebeliones, sometimientos,  éxitos y fracasos, que han ido conformando poco a poco la estructura de nuestra razón, que, aunque nos recuerda  lo casual y absurdo que resulta estar vivo, también nos hace caer en la cuenta de que seguimos estándolo; algo providencial, pues termina convirtiéndose en nuestra última esperanza.

Madrid, veintisiete de mayo de dos mil doce.


NOTAS: (1)‘Se miente más de la cuenta / por falta de fantasía: / también la verdad se inventa’, en IX Proverbios y Cantares, XLVI Nuevas Canciones. Manuel y Antonio Machado. Obras Completas. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid, 1978, pág. 904.  Antonio Machado dedicó ‘Proverbios y Cantares’ a José Ortega y Gasset.
(2) Agustín de Hipona. ‘Qué es el tiempo. Libro XI de las Confesiones’. Editorial Trotta. Madrid, 2011, pág. 85.



Amarcord (En clase de Griego).