jueves, 22 de marzo de 2012

Primera mirada atrás: para que no se pare la vida


Vista de Delft. Johannes Vermeer (1632-1675)



En este lugar nací –parece decirnos Johannes Vermeer-; o tal vez sólo se lo está diciendo a sí mismo.

Aquí vi por primera vez la luz. Me acunaron y me amamantaron. Por sus calles corrí jugando con los amigos. En uno de sus rincones besé por primera vez a una mujer.

En ese muelle aprendí a nadar y el Sol iluminó mi piel.

No veo en esta ciudad banderas de patrias ni estandartes de reinos. Es simplemente mi ciudad natal. No necesito pensar en fronteras ni en enemigos, en carencias y afrentas. No hago preguntas, no obtengo respuestas.

Cuando la miro continuo escuchando los gritos de los niños jugando en sus calles, el chasquido del fuego del hogar, la brisa del mar que acaricia mi rostro, como si fuera la fantasía del sonido extraído de las cuerdas de un violín.

Cuando la miro huelo a pan con chocolate, a madera húmeda recién cortada, al pelo de aquella mujer.

El lugar a donde siempre vuelvo, del que nunca he salido, al que quiero volver.

Yo siempre te ofreceré las mismas palabras, y una vez dichas: callaré.

Gracias Delft.



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